Nuestro escudo se compone de un castillo por cuya ventana superior asoma una figura humana, presuntamente la efigie de Don Jimeno de Raya, barbado como corresponde imaginar de un caballero de su época, y coronado en algunas representaciones. La torre, que alude al mismo nombre del pueblo, y que no viene a significar sino "Castillo", se ve sobrepuesta en el centro mismo de lo que es la Cruz emblemática de los Caballeros de Calatrava. Los eslabones servían para distinguir la Cruz de Calatrava de la análoga Cruz de otra orden, la de Alcántara.
El Torreón es lo más relevante para una lectura simbólica de los blasones locales. La torre representa, en la simbología, las ansias del hombre por elevarse por cima de su más limitadas circunstancias. También es símbolo de la comunicación que se establece entre la tierra (lo inmanente, lo material) y el cielo (lo trascendente, lo espiritual.
La ventana por la que asoma la figura humana de Don Jimeno de Raya, tiene también un sentido muy preciso. Al hallarse en la parte media de la torre reproducida, correspondiente más o menos al corazón, podríamos entender que se expresa así las razones, más por simpatía que por análisis desapasionado, que condujeron a la adopción del nombre de don Jimeno. Las puertas abiertas del Castillo representado nos hablan también de una receptividad, apertura hospitalaria al forastero mientras venga en son de paz, paz que vigila el fundador de Torredonjimeno, desde su privilegiada ventana, desde la que se asoma para hacerse visible y desde la que guarda la entrada del fuerte castillo.
Tenemos así un escudo cuyas armas nos hablan de una ciudad que tiene por origen, y patrimonio, el ser una fortaleza heroica que resistió los embates del moro de Granada con tal bizarría como la que mostrara el alcaide don Diego Fernández de Martos, que según la tradición, tan heroicamente atendió a la defensa de Torredonjimeno, en 1471.
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